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La poesía como territorio del deseo

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  Una mirada al erotismo desde la escritura y la experiencia Por Juan Carlos Rodríguez Soriano Siempre he pensado que la poesía es, ante todo, un acto de valentía. No porque requiera habilidades especiales o un dominio técnico fuera de lo común, sino porque exige mirar hacia dentro y contar lo que se encuentra allí, sin filtros ni concesiones. Y si hay un territorio interior que resulta especialmente incómodo de explorar, ese es, sin duda, el del deseo. Hace unos días, mientras ojeaba convocatorias literarias, me crucé con una que me hizo detenerme. Un concurso internacional de poesía erótica organizado por Prosa Cuántica. Al principio, lo archivé mentalmente como uno más. Pero algo en mí se negó a seguir de largo. Quizá era la necesidad de enfrentarme a un género que siempre había considerado esquivo. Quizá era la intuición de que, en el fondo, había estado escribiendo sobre el deseo sin atreverme a nombrarlo. O quizá era simplemente el momento adecuado para asomarme a esa ventana...

La belleza de lo inacabado

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D e cómo aprendí a mirar lo que está a medio hacer sin que me duela No sé si te ha pasado. Pero a mí me ocurre con frecuencia: empiezo algo con entusiasmo, le pongo toda la ilusión, y luego, sin saber muy bien por qué, lo dejo. No porque no me importe. Sino porque a veces la vida se cruza y te distrae. O porque el proyecto resultó ser más complicado de lo que imaginaba. O porque, simplemente, ya no sentía la misma urgencia por terminarlo. Y durante mucho tiempo, eso me pesó. Me sentí un fracasado. Un tipo que no terminaba lo que empezaba. Alguien que no tenía constancia. Hasta que un día entendí algo que cambió mi forma de verlo: quizá no todo lo que empiezas tiene que terminar. Quizá algunas cosas están mejor así, a medio hacer, como una ventana abierta por la que aún puede entrar algo. La presión por terminar Nos han enseñado que lo valioso es lo que se acaba. El libro terminado, la carrera completada, la meta alcanzada. Todo lo que queda a medias es un síntoma de debilidad, de falta...

El cansancio de decidir

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  A veces, lo más agotador no es hacer, sino elegir. Llegas a casa después del trabajo. Has tomado decisiones todo el día: qué correo responder primero, en qué reunión invertir tiempo, cómo enfocar ese problema. Has decidido qué comer, si responder ese mensaje o dejarlo para mañana, si parar a comprar algo antes de llegar. Y ahora, en el sofá, te encuentras mirando el techo. No puedes decidir qué hacer. Abres Netflix, cierras Netflix. Miras el móvil, lo dejas. Piensas en leer, pero ni siquiera eso te apetece. Press enter or click to view image in full size No estás perezoso. Estás agotado. Tu mente simplemente no quiere elegir una cosa más. El precio invisible de decidir Existe una idea muy extendida: que el cansancio es físico. Que solo nos agotamos cuando corremos, cargamos peso o trabajamos muchas horas seguidas. Pero hay otro tipo de fatiga. Una que no se nota en los músculos, sino en la capacidad de pensar con claridad. Se llama fatiga de decisión. El concepto es sencillo: cad...