El infierno que llevamos dentro – Reflexión y poema

 


Hay una pregunta que todos nos hacemos en la intimidad del silencio, cuando la noche se vuelve espesa y el sueño no llega: ¿Qué hay después?

Pero no es una pregunta sobre el más allá. No es una pregunta sobre cielos o infiernos de los que hablan los libros sagrados. Es una pregunta más humilde, más humana, más nuestra: ¿qué queda de nosotros cuando ya no estamos? ¿Qué hacemos con la culpa que arrastramos? ¿Qué somos, realmente, cuando dejamos de mentirnos?

Llevamos años construyendo una ciudad dentro de nosotros. Una ciudad de piedra negra, de calles laberínticas, de puertas que nunca abrimos. Cada mentira que nos contamos es un ladrillo. Cada culpa que enterramos es una losa. Cada espejo que evitamos mirar es una ventana que sellamos para no ver lo que hay al otro lado.

Esa ciudad es el infierno que llevamos dentro.

No es un castigo divino. Es una construcción humana. Una arquitectura que levantamos con cada silencio que mantenemos, con cada verdad que aplazamos, con cada herida que fingimos que no duele.

Y en esa ciudad hay habitantes. Los Caminantes, los llamo en mi novela La ciudad de obsidiana. No son demonios. Son la memoria de todo aquello que no hemos querido ver. Son los ecos de nuestras propias decisiones, de nuestros silencios, de nuestras traiciones. Son las voces que nos recuerdan quiénes fuimos realmente, antes de empezar a mentirnos.

Carlos, el protagonista de La ciudad de obsidiana, descubre que ya murió. Que cayó al infierno y fue rescatado mediante un contrato: la vida a cambio del olvido. Pero el contrato se rompe. Y entonces tiene que decidir qué hacer con la verdad que ha recuperado.

Todos tenemos un contrato con el olvido. Todos hemos firmado, en algún momento, la cláusula que dice: "No mirarás. No recordarás. No preguntarás."

Pero llega un día en que el contrato se rompe. Un día en que la memoria vuelve. Un día en que el sótano que llevábamos medio siglo sellado se abre y nos muestra lo que escondimos.

Ese día, tenemos una elección.

Podemos volver a sellar la puerta. Podemos seguir mintiéndonos. Podemos seguir habitando la ciudad de obsidiana que hemos construido, convencidos de que es el único lugar posible.

O podemos empezar a derribar muros.

Podemos dejar de mirar hacia otro lado. Podemos reconocer nuestras culpas sin huir de ellas. Podemos perdonarnos, no porque lo merezcamos, sino porque el peso de no hacerlo nos está consumiendo.

Porque el infierno, el verdadero infierno, no es un lugar al que vas cuando mueres. Es una infraestructura que ya está funcionando aquí, a nuestro alrededor. Y la única salida, la única verdad, la única forma de dejar de ser un Caminante que procesa su propia culpa como combustible, es mirar de frente lo que llevamos dentro.

No para castigarnos. Para liberarnos.


🌙 Poema: Ciudad de obsidiana

He construido una ciudad dentro de mí
con los ladrillos de lo que no quise ver.
Calles de mentiras bien contadas,
plazas donde habita el miedo,
puertas que nunca abro por si detrás
está la verdad que no supe sostener.

Los Caminantes recorren mis pasillos
con pasos que suenan a culpa.
No son demonios.
Son las preguntas que no hice,
los espejos que evité,
las despedidas que fingí que no dolían.

Firmé un contrato con el olvido.
Vida a cambio de no recordar.
Pero la memoria siempre vuelve,
siempre encuentra la grieta,
siempre abre la puerta
que creí haber cerrado para siempre.

Y entonces veo la ciudad que habito.
Y entiendo que el infierno no está abajo.
Está en cada mentira que me cuento,
en cada culpa que no suelto,
en cada espejo que giro
para no verme.

Quizá por eso escribo.
Para derribar muros.
Para que los Caminantes descansen.
Para que la ciudad de obsidiana
deje de ser mi casa
y se convierta, al fin,
en ruinas que ya no duelen.


👉📖 Mi novela La ciudad de obsidiana está disponible en Amazon Kindle.

Gracias por leer. Gracias por estar aquí. Gracias por darle una oportunidad a esta historia que, en el fondo, es también la tuya.

Las palabras terminan donde acaba el texto. Las reflexiones, en cambio, suelen continuar mucho después, en silencio, acompañándonos en lugares que ni siquiera sabíamos que existían.

Juan Carlos Rodríguez Soriano
Escritor, poeta y autor de Bitácora del Alma

Técnico logístico de día. Poeta de noche. Escribo para que el silencio deje de ser vacío.

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© 2026 Juan Carlos Rodríguez Soriano

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