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El eco del silencio. Un relato sobre la culpa, la memoria y el viaje de vuelta a casa

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EL ECO DEL SILENCIO   ¿Para qué se escribió? Este relato nace con un doble propósito. Por un lado, participa en el  Concurso Internacional de Cuento "La Culpa"  , convocado por  Margen Abierto , una editorial que busca historias donde la culpa transforme a los personajes, modifique sus relaciones y los obligue a enfrentar aquello que preferirían evitar. Por otro, es una exploración personal sobre el peso del silencio, las llamadas que no se contestan y el difícil arte de perdonarse a uno mismo. ¿Por qué se escribió? Siempre he creído que los silencios pesan más que las palabras. Que hay decisiones que no se toman, sino que se omiten. Y que esas omisiones, con el tiempo, se convierten en heridas que no cicatrizan. "El eco del silencio" nace de esa obsesión: la culpa que no viene de un crimen, sino de una llamada perdida. De ese momento en el que el teléfono suena y decides no contestar, convenciéndote de que habrá otra oportunidad. Y cuando descubres que...

"El eco del metal": un cuento sobre el duelo, la infancia y el niño que fuimos

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" El eco del metal" @ 2026 Juan Carlos Rodríguez Soriano Soy  Juan Carlos Rodríguez Soriano , y quiero contarte por qué escribí " El eco del metal" y qué significa para mí. Cuando vi las bases del Concurso Internacional de Cuento: Duelo y Pérdida , supe que tenía que escribir. No por el premio, sino porque el tema me clavó directamente en el pecho. Hablaban de transformar la ausencia, la memoria y el deseo de vida en palabras que conmuevan y permanezcan. Y yo tenía una ausencia que llevaba décadas arrastrando sin saber cómo nombrarla. No era la muerte de un ser querido. Era la pérdida de mí mismo . Porque yo tuve un caballito de madera. No uno cualquiera: era mío, real, con la pintura desconchada y la crin de cuerda que siempre se me enredaba entre los dedos. En él me balanceaba en el pasillo de mi casa, en aquellos años en que el mundo olía a tabaco, a agua estancada y a derrota. El caballito no me llevaba a ninguna parte, pero su crujido era el úni...