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Mostrando las entradas etiquetadas como Juan Carlos Rodríguez Soriano

DOBLARSE: Memorias de un hombre que intenta no ser de hierro

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ANTES DE EMPEZAR: DE QUÉ VA ESTO Esto no es una novela. No hay tramas inventadas ni finales felices forzados. Esto es un testimonio. Un hombre de cincuenta y siete años, después de una vida de orden, disciplina y silencio, se despierta una noche en el sofá con las muñecas abiertas y no recuerda haber cogido el cúter. Este relato nació de unas muñecas vendadas y de un psiquiatra. Nació de una noche en urgencias. Es el inventario de una infancia sin agua caliente, de un padre que se gastaba el sueldo en bares, de una madre que lo consentía. Es el mapa de cómo se construye una armadura de hierro para protegerse del mundo, y de cómo esa armadura termina por aplastarte. A lo largo de estas páginas, el autor va desmontando, pieza a pieza, el metal que le estaba matando. Habla de la pobreza que no se ve, de la vergüenza de pedir fiado, del hambre que se calma con pan duro y cebolla. Habla de cómo un niño que jura no ser como sus padres acaba construyendo un muro tan alto que no deja entrar ni...

El Hombre que Escribía en el Dormitorio: Anatomía de una Resistencia

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  © 2026 Juan Carlos Rodríguez Soriano Olvídate de los despachos minimalistas de cristal, las mesas de roble importado y el ecosistema de gadgets caros que te venden en redes como el altar sagrado de la productividad. La verdadera resistencia hoy en día no se gesta en oficinas acristaladas, se forja en los rincones más insospechados de nuestras propias casas. Si alguien buscase un centro de operaciones de alto rendimiento para encontrar la sede de Bitácora del Alma , se llevaría una decepción monumental. Aquí no hay pizarras de cristal llenas de métricas ni asistentes virtuales gestionando el caos. Todo ocurre en una mesa sencilla, casi austera, arrinconada en un dormitorio. Sobre ella, una lámpara que apenas alumbra lo justo corta la oscuridad de la habitación para dejar espacio a algo mucho más escaso que el éxito financiero: la introspección pura y dura. Detrás de esa mesa se sienta Juan Carlos Rodríguez Soriano. Y esta no es la típica historia de un gurú que se levanta a las cu...

El infierno que llevamos dentro – Reflexión y poema

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  Hay una pregunta que todos nos hacemos en la intimidad del silencio, cuando la noche se vuelve espesa y el sueño no llega: ¿Qué hay después? Pero no es una pregunta sobre el más allá. No es una pregunta sobre cielos o infiernos de los que hablan los libros sagrados. Es una pregunta más humilde, más humana, más nuestra: ¿qué queda de nosotros cuando ya no estamos? ¿Qué hacemos con la culpa que arrastramos? ¿Qué somos, realmente, cuando dejamos de mentirnos? Llevamos años construyendo una ciudad dentro de nosotros. Una ciudad de piedra negra, de calles laberínticas, de puertas que nunca abrimos. Cada mentira que nos contamos es un ladrillo. Cada culpa que enterramos es una losa. Cada espejo que evitamos mirar es una ventana que sellamos para no ver lo que hay al otro lado. Esa ciudad es el infierno que llevamos dentro. No es un castigo divino. Es una construcción humana. Una arquitectura que levantamos con cada silencio que mantenemos, con cada verdad que aplazamos, con cada herida...

"El eco del metal": un cuento sobre el duelo, la infancia y el niño que fuimos

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" El eco del metal" @ 2026 Juan Carlos Rodríguez Soriano Soy  Juan Carlos Rodríguez Soriano , y quiero contarte por qué escribí " El eco del metal" y qué significa para mí. Cuando vi las bases del Concurso Internacional de Cuento: Duelo y Pérdida , supe que tenía que escribir. No por el premio, sino porque el tema me clavó directamente en el pecho. Hablaban de transformar la ausencia, la memoria y el deseo de vida en palabras que conmuevan y permanezcan. Y yo tenía una ausencia que llevaba décadas arrastrando sin saber cómo nombrarla. No era la muerte de un ser querido. Era la pérdida de mí mismo . Porque yo tuve un caballito de madera. No uno cualquiera: era mío, real, con la pintura desconchada y la crin de cuerda que siempre se me enredaba entre los dedos. En él me balanceaba en el pasillo de mi casa, en aquellos años en que el mundo olía a tabaco, a agua estancada y a derrota. El caballito no me llevaba a ninguna parte, pero su crujido era el úni...