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La tarde en que la luz guardó silencio

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  Apuntes desde el margen de un día en que el tiempo se detuvo "No hay reloj que mida el pulso de esta pausa compartida, ni pantalla que devuelva lo que el alma siente a solas..."   ⏱️ I. Cuando el pulso de la tarde se quebró Hay miercoles que avanzan sujetos a la misma inercia de siempre, encadenando correos, obligaciones pendientes y el rumor constante de una ciudad que olvidó cómo apretar el botón de pausa. Pero ayer, la tarde decidió salirse del guion previsto. Sin anuncios previos ni urgencias en el cielo, el ambiente comenzó a transformarse. Un temblor casi imperceptible recorrió la luz, adoptando la consistencia de una bombilla a punto de fundirse bajo el mando de un interruptor invisible. De pronto, el trajín diario perdió su peso. 🏔️ II. El éxodo silencioso hacia las cimas Lo verdaderamente sobrecogedor no fue el fenómeno en sí, sino ver cómo la ciudad entera vaciaba sus calles para buscar las alturas. Como si una necesidad ancestral nos empujara a elevarnos para co...

Cartas al margen: Cuando la sed no se finge

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Hay momentos en los que el silencio del hogar no se siente como un vacío, sino como un suave eco. Uno se detiene un instante, con la taza aún tibia entre los dedos, y deja que el pensamiento ruede libremente, sacudiéndose el peso de la rutina. Es precisamente en esa quietud, cuando el bullicio exterior se apaga, donde las palabras adquieren otra consistencia. A veces, cruzando la pantalla en medio de esa calma, aparece un fragmento que parece escrito a la medida de lo que uno calla. Esas frases que viajan de un lado a otro sin dueño aparente: «Llámame cuando quieras, cuando te apetezca. Pero no como alguien que se siente obligado a hacerlo, esto no sería bueno ni para ti ni para mí. A veces me pongo a imaginar lo maravilloso que sería que me llamaras sólo porque sí. Simplemente como alguien que tenía sed y fue a beber un vaso de agua. Pero ya sé que sería pedir demasiado. Conmigo nunca tendrás que fingir una sed que no sientes.» Al leer estas líneas, los inevitables ruidos de la cabeza...