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Mostrando las entradas etiquetadas como poesía

POLIPOESÍA: Cuando escribir poemas ya no es suficiente

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  Manual de profesionalización poética Hay una imagen del poeta que seguimos arrastrando desde hace siglos. Es la del creador solitario, alguien que escribe en su rincón, publica un libro de Pascuas a Ramos y espera que la poesía encuentre por sí sola el camino hasta los lectores. Es una bonita estampa. Pero, siendo sinceros, se queda bastante corta. La vida de hoy va por otros derroteros. Hoy en día, un poeta no se limita a buscar la palabra justa. También le toca aprender cómo funcionan las editoriales, apañarse con las redes sociales, moverse por festivales y enterarse de cómo van los derechos de autor. Quien quiere sacar adelante una obra literaria se da cuenta enseguida de que el mundillo tiene tela. De ahí salió este ensayo, de tropezar una y otra vez con la misma duda y echar en falta un mapa claro. Se llama POLIPOESÍA: El oficio del poeta en el siglo XXI . No pretende dar lecciones de cómo se escribe un verso, sino intentar responder a algo muy terrenal: ¿cómo se puede vivi...

La tarde en que la luz guardó silencio

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  Apuntes desde el margen de un día en que el tiempo se detuvo "No hay reloj que mida el pulso de esta pausa compartida, ni pantalla que devuelva lo que el alma siente a solas..."   ⏱️ I. Cuando el pulso de la tarde se quebró Hay miercoles que avanzan sujetos a la misma inercia de siempre, encadenando correos, obligaciones pendientes y el rumor constante de una ciudad que olvidó cómo apretar el botón de pausa. Pero ayer, la tarde decidió salirse del guion previsto. Sin anuncios previos ni urgencias en el cielo, el ambiente comenzó a transformarse. Un temblor casi imperceptible recorrió la luz, adoptando la consistencia de una bombilla a punto de fundirse bajo el mando de un interruptor invisible. De pronto, el trajín diario perdió su peso. 🏔️ II. El éxodo silencioso hacia las cimas Lo verdaderamente sobrecogedor no fue el fenómeno en sí, sino ver cómo la ciudad entera vaciaba sus calles para buscar las alturas. Como si una necesidad ancestral nos empujara a elevarnos para co...

Cartas al margen: Cuando la sed no se finge

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Hay momentos en los que el silencio del hogar no se siente como un vacío, sino como un suave eco. Uno se detiene un instante, con la taza aún tibia entre los dedos, y deja que el pensamiento ruede libremente, sacudiéndose el peso de la rutina. Es precisamente en esa quietud, cuando el bullicio exterior se apaga, donde las palabras adquieren otra consistencia. A veces, cruzando la pantalla en medio de esa calma, aparece un fragmento que parece escrito a la medida de lo que uno calla. Esas frases que viajan de un lado a otro sin dueño aparente: «Llámame cuando quieras, cuando te apetezca. Pero no como alguien que se siente obligado a hacerlo, esto no sería bueno ni para ti ni para mí. A veces me pongo a imaginar lo maravilloso que sería que me llamaras sólo porque sí. Simplemente como alguien que tenía sed y fue a beber un vaso de agua. Pero ya sé que sería pedir demasiado. Conmigo nunca tendrás que fingir una sed que no sientes.» Al leer estas líneas, los inevitables ruidos de la cabeza...

El infierno que llevamos dentro – Reflexión y poema

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  Hay una pregunta que todos nos hacemos en la intimidad del silencio, cuando la noche se vuelve espesa y el sueño no llega: ¿Qué hay después? Pero no es una pregunta sobre el más allá. No es una pregunta sobre cielos o infiernos de los que hablan los libros sagrados. Es una pregunta más humilde, más humana, más nuestra: ¿qué queda de nosotros cuando ya no estamos? ¿Qué hacemos con la culpa que arrastramos? ¿Qué somos, realmente, cuando dejamos de mentirnos? Llevamos años construyendo una ciudad dentro de nosotros. Una ciudad de piedra negra, de calles laberínticas, de puertas que nunca abrimos. Cada mentira que nos contamos es un ladrillo. Cada culpa que enterramos es una losa. Cada espejo que evitamos mirar es una ventana que sellamos para no ver lo que hay al otro lado. Esa ciudad es el infierno que llevamos dentro. No es un castigo divino. Es una construcción humana. Una arquitectura que levantamos con cada silencio que mantenemos, con cada verdad que aplazamos, con cada herida...

Esta noche

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  . Pongo el móvil en modo nocturno. La pantalla se vuelve cálida, anaranjada, como si el aparato de repente respirara más despacio. Y entonces, sin que sirva de nada, me doy cuenta de que el mundo ahí fuera sigue su curso sin necesidad de que yo esté pendiente de él. La verdad es que estos ratos, cuando la luz se vuelve más tenue y la casa se queda callada, son los únicos en los que me sale escribir sin pensar demasiado. Así nació el poema de esta noche. Os lo dejo por aquí, por si os apetece leerlo en voz baja. Esta noche L a noche no es oscura, es un espejo donde el día ensaya su fracaso. Apago el teléfono. La luz azul se apaga con él, y en el silencio que queda escucho mi nombre como si alguien lo dijera por primera vez. Afuera, la vida sigue sin testigos. Los árboles no necesitan pantallas para aprender a crecer. El viento no pide likes para moverse. Y yo, aquí, en medio de esta pausa, descubro que la ausencia no es un vacío: es el único lugar donde cabe todo lo que soy. --- P...