Esta noche


 .

Pongo el móvil en modo nocturno. La pantalla se vuelve cálida, anaranjada, como si el aparato de repente respirara más despacio. Y entonces, sin que sirva de nada, me doy cuenta de que el mundo ahí fuera sigue su curso sin necesidad de que yo esté pendiente de él.

La verdad es que estos ratos, cuando la luz se vuelve más tenue y la casa se queda callada, son los únicos en los que me sale escribir sin pensar demasiado. Así nació el poema de esta noche. Os lo dejo por aquí, por si os apetece leerlo en voz baja.

Esta noche

La noche no es oscura,
es un espejo donde el día
ensaya su fracaso.

Apago el teléfono.
La luz azul se apaga con él,
y en el silencio que queda
escucho mi nombre
como si alguien lo dijera
por primera vez.

Afuera,
la vida sigue sin testigos.
Los árboles no necesitan pantallas
para aprender a crecer.
El viento no pide likes
para moverse.

Y yo,
aquí,
en medio de esta pausa,
descubro que la ausencia
no es un vacío:
es el único lugar
donde cabe todo lo que soy.


---

Pues eso, que la poesía no está en las notificaciones, sino en lo que callamos cuando le bajamos el volumen al mundo. Si estos versos os han llegado, os espero en mi Substack —Juan Carlos Rodríguez Soriano | Substack—, que ahí sigo escribiendo desde la grieta sin prisas ni horarios.

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