Doña Juana La Loca, de Pradilla
Hay cuadros que se miran, y cuadros que te miran a ti. Y luego está Doña Juana la Loca, de Francisco Pradilla y Ortiz, que directamente te agarra por el cuello y no te suelta hasta que has asimilado su tragedia. 1. FICHA TÉCNICA Y CONTEXTO HISTÓRICOAntes de meternos de lleno, pongámonos en situación. El cuadro es Doña Juana la Loca, pintado por Francisco Pradilla y Ortiz en 1877. Es un lienzo de historia, de esos que llaman de género histórico, con unas dimensiones que te dejan con la boca abierta: 340 por 500 centímetros. Vamos, que no es un cuadro para tener en el salón de casa, es un cuadro para ocupar una pared entera de museo. Pradilla lo pintó cuando era un chaval de 29 años, y lo hizo en Roma, donde estaba como director de la Academia Española de Bellas Artes. Se documentó a conciencia, investigó la indumentaria de la época, los detalles de los bordados, las armaduras, todo para darle ese realismo tan bestia que tiene. La escena representa uno de los episodios más famosos del traslado del cadáver de Felipe el Hermoso. Cuando el tío se murió en 1506, Juana, que era su esposa, ordenó desenterrarlo y llevarlo a Granada para darle sepultura. Pero el viaje se convirtió en una odisea: un invierno de aquellos de Castilla, carreteras embarradas, y ella parando la comitiva a cada dos por tres. La anécdota que cuenta este cuadro es que hizo parar la caravana porque se enteró de que el monasterio donde iban a pasar la noche era de monjas, y ella no toleraba que otras mujeres se acercaran al cadáver de su marido, ni siquiera muerto. Así que montaron el campamento a la intemperie, como se ve en el lienzo. Pradilla clavó esa escena, y con ella ganó la medalla de honor en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1878, lo que le dio fama internacional. El cuadro se conserva en el Museo Nacional del Prado, en Madrid, y es de las obras más visitadas de la sala 60B.
2. LA EXPERIENCIA PERSONALEs enorme, pero no es solo el tamaño. Es que te absorbe. Lo primero que notas es el frío. El lienzo te transmite una humedad y una ventisca que te cala los huesos. El cielo es una puta losa de cemento, de ese gris sucio de Castilla en diciembre. Las antorchas, con esas llamas anaranjadas, parecen de mentira, porque no calientan nada; solo sirven para remarcar lo oscura que es la escena. Ves el barro, los cardos secos en el suelo y los trapos de los caballeros, y dices: "vaya mierda de viaje". Se nota que llevan semanas dando tumbos. Y luego empiezas a fijarte en la gente. Los soldados y los pajes tienen unas caras de sueño y de hastío que pa qué. Las barbas sin afeitar, las armaduras llenas de polvo, los caballos con la cabeza gacha... parece que todos están deseando que aquello termine de una vez. Incluso los bordados de las telas, que son una pasada y están pintados con un detalle alucinante, contrastan con el estado lamentable de los que las llevan puestas. Esa riqueza, allí, en medio del erial, resulta hasta grotesca.
3. EL CENTRO DEL PASTEL: JUANAPero, claro, el centro del pastel es ella. Juana. La primera vez que la vi de cerca casi me da algo. Y no porque sea un bicho raro ni tenga gestos de loca furiosa, no. Es que tiene una mirada... una mirada que no mira nada. Está en medio de la comitiva pero parece que está en otro planeta. Ojos negros, muy abiertos, pero vacíos, como si estuviera mirando a través del féretro. No sé si está triste, la verdad. Está ida, ausente, que es peor. Y luego caes en que está embarazada. Lleva la mano en la tripa y se te encoge el alma. Esa mezcla de muerte y vida junta es lo que más te parte, tío. Llevar a tu marido muerto y a tu hija por nacer a la vez es una dualidad que te descoloca. El cuadro me da una sensación rara. Al principio sientes lástima por ella, pero según te fijas más, empiezas a sentir una inquietud que no te esperas. Porque te das cuenta de que todos esos hombres que la rodean están secuestrados por su obsesión. No es solo un duelo, es una tiranía. Ella ha parado la caravana porque no aguantaba que hubiera monjas cerca de su marido, ni muerto. Eso es de flipar. Sientes que el amor, cuando se va de madre, se convierte en una cárcel para todos.
4. PREGUNTAS QUE NO ME DEJAN DORMIRCuando al final levante la mirada del cuadro, me di cuenta de que llevaba un montón de tiempo sin pestañear casi. Y una sensación de agobio en el pecho que no esperaba. Y entonces empezaron a asaltarme preguntas sin respuesta, de esas que se te quedan dando vueltas y no te dejan dormir: ¿Está Juana realmente loca o es la única persona cuerda en medio de una conjura política? Porque Pradilla la pinta con esa mirada ida, pero los de alrededor tienen caras de culo y de querer largarse. Ella es la única que va a lo suyo, a su duelo. ¿Y si esa "locura" no es más que la etiqueta que le puso su padre para quitársela de en medio y quedarse con la corona? ¿Qué siente realmente por el fiambre de su marido? Felipe el Hermoso no fue precisamente un santo; le fue infiel y la trató como un trapo. Entonces, ¿por qué este arrebato tan bestia de no separarse de su cadáver? ¿Es amor verdadero, es una posesión malsana, o es que necesita tenerlo controlado aunque esté tieso porque en vida se le escapaba? ¿Por qué coño aguantan todos los del séquito sin mandarla a paseo? ¿Les pagan un pastón? ¿Les tiene amenazados con la horca? ¿O es que, en el fondo, sienten una pena tan enorme por ella que prefieren congelarse antes que abandonarla? ¿Qué futuro le espera a la criatura que lleva dentro en medio de ese duelo? ¿Va a ser un consuelo para Juana, o un recordatorio constante de que se quedó embarazada en pleno viaje fúnebre? ¿Era consciente Juana, en ese instante que pintó Pradilla, de que la iban a encerrar en Tordesillas? ¿O estaba tan metida en su burbuja de dolor que ni se plantea el mañana? Y la más personal: ¿por qué este cuadro me llega tanto a mí, que soy un tío del siglo XXI sin muertos en carros ni coronas? ¿Es porque todos hemos sentido alguna vez la desesperación de aferrarnos a algo que se va? ¿O porque reconozco en su mirada vacía ese momento en el que te quedas tan harto de todo que desconectas de la realidad?
5. ¿QUÉ MÚSICA LE PONDRÍAMOS?Y ya que estamos, os propongo un juego. Si este cuadro tuviera banda sonora, ¿qué sonaría de fondo? Yo mientras lo miraba, tenía en la cabeza varias opciones: El Adagio para cuerdas de Samuel Barber. Esa música es pura desolación, lentitud y peso. Cada nota es como una gota de agua fría cayendo sobre el barro. La Misa de Réquiem de Tomás Luis de Victoria. Tiene ese carácter sobrio, grave y castellano que encaja con el paisaje y con el duelo. Es música de catedrales oscuras, de velas y de cánticos que parecen salir de la misma tierra. El primer movimiento del Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo. Esa guitarra triste y melancólica te da justo esa mezcla de nobleza herida y paisaje castellano que transmite el lienzo. Pero, si te soy sincero, la música que mejor le va es el silencio. Porque el cuadro ya tiene su propio ruido: el viento, el barro, los caballos, el crujir del carro... y el silencio ensordecedor de una reina que ha perdido la razón. Cualquier música, por buena que sea, te va a distraer de lo que verdaderamente importa: esa mirada vacía que no necesita acompañamiento.
6. REFLEXIÓN FINAL: EL PUT ARTEResumiendo, cuando apartas la vista del lienzo y te das cuenta de que has estado un buen rato en silencio, te quedas con la sensación de que Pradilla te ha dado una colleja sin tocarte. Necesitas asimilar que has visto algo que no es un simple cuadro histórico, es un drama humano en estado puro. Y lo que te revuelve es que no hay moraleja, no hay conclusión, solo dudas. Las preguntas que se me quedaron grabadas en la cabeza fueron estas: ¿Estaba realmente loca Juana o era una estrategia política para desacreditarla? ¿Sentía amor verdadero por Felipe o era una obsesión enfermiza por controlarlo? ¿Por qué aguantaban todos los del séquito sin plantar cara? ¿Qué fue de la niña que llevaba en el vientre en medio de tanto dolor? ¿Sabía Juana que acabaría encerrada en Tordesillas mientras miraba el féretro? ¿Por qué coño me impacta tanto a mí, un tío normal del siglo XXI?
Y al final, lo que me llevo es que un cuadro es bueno cuando te descoloca, cuando te hace sentir incómodo y te obliga a preguntarte cosas que ni siquiera sabías que te preocupaban. Eso es lo que consigue Pradilla con esta obra: no te da respuestas, te deja a solas con tus propias preguntas. Y eso, para mí, es el puto arte. |
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