✨ Un poema para la Huerta de San Vicente: así nació "La entraña de la tarde" 🌿

 

La entraña de la tarde by Juan Carlos Rodríguez Soriano


Hay momentos en los que uno escribe sin saber muy bien hacia dónde va. Las palabras llegan solas, como si alguien las hubiera dejado caer desde el otro lado del tiempo. Eso me pasó con este poema. No lo busqué. Fue él quien me encontró a mí.

El caso es que llevaba semanas dándole vueltas a la idea de participar en el Concurso Internacional de Poesía Huerta de San Vicente 2026. No por afán de reconocimiento, sino porque sentía que debía hacerlo. Como si la propia Granada me estuviera llamando desde la distancia.

Y entonces, una tarde, sin más, el poema apareció. Completo. Como si siempre hubiera estado ahí, esperando el momento de ser escrito.


📜 El poema

Se titula "La entraña de la tarde". Y aunque no lo parece, es un poema de amor. Amor a un lugar, a una luz, a una memoria. Amor a ese rincón de Granada donde Federico García Lorca pasó los veranos de su vida, donde escribió, donde soñó, donde fue feliz.

Lo comparto aquí, con vosotros, porque los poemas no deberían encerrarse en cajones. Los poemas necesitan ser leídos, aunque solo sea por un puñado de almas curiosas.


La entraña de la tarde

Hay tardes en la Huerta que se quedan suspendidas,
como si el tiempo se olvidara de seguir pasando.
El aire guarda ese temblor seco de los álamos
que aún parece acordarse del peso de una bota
sobre el polvo del camino.

Todavía no han encendido las luces dentro.
El crepúsculo cae despacio, sin prisa,
ganándole terreno a la Vega,
por el lado de las acequias,
donde la sombra se vuelve espesa
y huele a tierra vieja.

La madera fría de la mesa,
el papel en blanco esperando un trazo que no llega,
y ese silencio denso de los veranos granadinos
que huele a albahaca seca y a jazmín ya pasado.

Él andaba por aquí con una naturalidad extraña,
sabiendo quizás que todo esto
—la luz, la hierba, el temblor de la tarde—
dura apenas un suspiro.

Ha pasado un siglo desde que estos árboles
empezaron a crecer hacia adentro.
Y da igual.
Su nombre no necesita placas ni discursos solemnes.
Basta con ver cómo se quiebra el sol
en los cristales viejos de la casa
o cómo el agua sigue diciendo lo mismo,
una y otra vez, al fondo del olivar.

Uno cruza el camino a estas horas
y le da por pensar que escucha algo.
Un eco sordo entre los olmos,
unos pasos que no se van del todo
porque se quedaron a vivir aquí,
atrapados en la entraña misma de la tarde.
Nadie llama a la puerta.
Solo el viento cruza el patio
con la ligereza de un fantasma
que ya no tiene nada que temer.


🏡 El concurso y su historia

Por si no lo sabéis, este certamen lo organizan Granada Ciudad de Literatura y el Ayuntamiento de Granada para conmemorar el primer centenario de la Huerta de San Vicente (1926-2026). Ese lugar tan especial fue la casa de verano de los García Lorca, y allí el poeta pasó temporadas enteras escribiendo, rodeado de la luz y el silencio de la Vega.

El concurso está abierto a cualquier persona de habla hispana, y el plazo para enviar los trabajos termina el 21 de septiembre. Yo he querido adelantarme, no sé si por impaciencia o por esa manía que tengo de no dejar las cosas para el final. Quizás las dos cosas.


🌅 Lo que Granada me enseñó

Nunca he sido de esos que viajan para ver monumentos. Viajo para sentir. Y Granada me sintió antes de que yo llegara. Me recibió con su luz oblicua, con sus calles empinadas, con ese olor a jazmín que flota en el aire como un recuerdo.

Pero fue en la Huerta donde entendí algo importante: que los lugares también tienen alma. Que las paredes guardan las conversaciones que escucharon. Que los árboles crecen hacia dentro mientras nosotros pasamos de largo.

Lorca lo sabía. Por eso su poesía sigue viva. Porque él no escribía sobre las cosas: escribía desde las cosas.

Y yo, sin pretenderlo, he intentado hacer lo mismo.


🍂 La espera

Ahora solo queda esperar. El fallo del jurado llegará después del 21 de septiembre. Pero, sinceramente, da igual. Porque este poema ya ha hecho su trabajo: me ha llevado de vuelta a Granada, me ha sentado en el borde de una acequia, me ha hecho escuchar el eco de unos pasos que no se van del todo.

Como dice el verso final:

"Solo el viento cruza el patio
con la ligereza de un fantasma
que ya no tiene nada que temer".

Eso es lo que quería contar. Que la poesía, cuando es verdadera, nos convierte en fantasmas ligeros. En alguien que ya no tiene nada que temer. Ni el tiempo, ni el olvido, ni el silencio.


Gracias por leer hasta aquí. Si algún día visitáis Granada, no dejéis de pasar por la Huerta. Cerrad los ojos. Escuchad. Quizás, entre el murmullo de los álamos, todavía se oiga la voz de un poeta que supo que todo dura apenas un suspiro.


Juan Carlos Rodríguez Soriano
Escritor, poeta y autor de Bitácora del Alma

Técnico logístico de día. Poeta de noche. 

Escribo para que el silencio deje de ser vacío.


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Y quizá la próxima reflexión que leas aquí llegue a ti justo cuando más la necesites.

© 2026 Juan Carlos Rodríguez Soriano



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